Nocturno Opus 27 número 2. Chopin

El nocturno es una forma musical, una pieza pianística de carácter intimista y sentimental, inspirada por la noche. El género fue inventado por el irlandés John Field y elevado a su máxima expresión por Federico Chopin (1810-1849).

La denominación “nocturno” se le daba, en una primera instancia, en el siglo XVIII, a una pieza tocada a momentos, generalmente en fiestas de noche y después dejadas a un lado. Algunas veces llevaba consigo el equivalente italiano, notturno, con trabajos como el Notturno en Re para cuatro orchestras, K.286, y la Serenata Notturna, K. 239, de Mozart. Para esa época, estas piezas no eran necesariamente inspiradas o evocadoras de la noche, pero habían sido escritas para que las tocaran en la noche, como sucede con las seranatas.

El compositor polaco Federico Chopin escribió a lo largo de su corta vida hasta veintiún nocturnos para piano. Entre ellos se encuentran algunas de sus piezas más conocidas. No se publicaron todos reunidos en un mismo conjunto de piezas, sino que pertenecen a varios números distintos de opus y algunos incluso fueron editados póstumamente.

Los tres primeros nocturnos se encuadran en el Op. 9; los tres siguientes, en el Op. 15; en el siguiente, el Op. 27, hay sólo dos, igual que en los Op. 32, Op. 37 y Op. 48, Op. 55 y Op. 62. Además, hay un nocturno en el opus póstumo 72 y hay otros dos nocturnos sin ningún número, uno en do sostenido menor y el otro en do menor.

Los dos nocturnos que conforman el Op. 27 están dedicados a la Condesa de Appony. Chopin compuso ambos durante el año 1836, pero su publicación no se produjo hasta 1837. El segundo nocturno del Op. 27, el que podemos ver intepretar a Maurizio Pollini, está compuesto en la tonalidad de re bemol mayor. Es de una gran sofisticación y a menudo se le conoce también por el título de Nocturno Condesa.

En total, Chopin tardó en componer todos sus nocturnos un tiempo de unos quince años y entre ellos no suman más de dos horas de música. Aproximadamente, una hora y tres cuartos, pero eso sí, ¡qué casi dos horas de música!

En una extensa carta fechada en Leipzig el 6 de octubre de 1835, a la señora Hensel, Félix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847) escribe así:

….Su interpretación lleva un sello de tan profunda originalidad, es tan magistral, que se podría decir de Chopin que es un virtuoso absolutamente perfecto… Experimenté extremado placer al encontrar por fin un verdadero artista que sigue el camino abierto por sus propios esfuerzos, y no uno de esos simivirtuosos, de esos semiclásicos deseosos de unir en la música ‘les honneurs de la vertu el les plaisirs du vice’… La velada fue verdaderamente encantadora… Entre la primera parte y la segunda de mi Paulus le pedimos que tocara… Se sentó al piano y con magnífica furia atacó sus últimos Estudios, luego su nuevo Concierto, dejando a sus admiradores de Leipzig completamente alelados… Chopin acaba de escribir igualmente un hermoso Nocturno del que aprendí la mayor parte de memoria, con el fin de tocarlo a Pablo para darle placer…

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~ por Álvaro Ojeda en 3 enero 2009.

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