Séptima sinfonía. Bruckner

Tras un comienzo tranquilo y relajado del blog protagonizado por el binomio Mahler-Ravel, nos encontramos en esta nueva entrada con la Sinfonía número 7 en Mi mayor de Anton Bruckner (1824-1896), estrenada el 30 de diciembre de 1884, cuando Arthur Nikisch la dirigió en la Gewandhaus de Leipzig.

El concierto se realizó en apoyo de una subscripción pública para la erección de un monumento a Richard Wagner, que había muerto el año anterior, mientras Bruckner se encontraba en plena composición de esta obra. Un mes antes, en enero de 1883, Bruckner tuvo una premonición trágica: “Llegué a casa sintiéndome muy triste. Me había invadido la sensación de que el Maestro no iba a vivir ya mucho tiempo; justo entonces, me vino a la cabeza el tema en Do sostenido menor del ‘Adagio’ “. De nuevo la tonalidad Do sostenido menor con la que iniciamos este blog …

Los cuatro movimientos responden con disciplinada obediencia al esquema tradicional de la sinfonía. Son cuatro piezas enormes, tanto en duración como en profundidad expresiva. Como es frecuente en el autor, destacan por su estática contundencia las codas y por su tirón rítmico el “Scherzo”. Pero el pivote formal y expresivo de la obra es el segundo movimiento, un “Adagio” en la tonalidad relativa a la titular, Do sostenido menor, que comienza con un homenaje instrumental al maestro recién fallecido. Los cuatro primeros compases del movimiento están encomendados a un cuarteto de tubas wagnerianas, instrumentos a medio camino entre la trompa y la tuba, que el propio Wagner diseñó y empleó con profusión. Esta es su primera aparición en la música de Bruckner. Inmediatamente después, suena el tema al que nos referíamos antes. Lo toca la cuerda, capitaneada por los violines, que cantan en la cuarta cuerda, la de sonido más pastoso y timbrado. En el Te Deum, este tema acompaña a las palabras “Non confundar in aeternum”.

No conviene exagerar estas coincidencias, pero a todos los amantes de la música de Bruckner les resultará familiar este sentimiento de búsqueda de la claridad. Por cierto, que esas palabras, procedentes del Salmo 70, constituyeron el lema del papado de Benedicto XV. Casi un sigo después, Benedicto XVI las puso significativamente al principio de su alocución a los cardenales, tras ser elegido sumo pontifice de la Iglesia Católica. 

Ah, por cierto, jamás pensaría Bruckner que el segundo movimiento de esta obra, el que como hemos dicho constituye el pivote formal y expresivo de la obra, fuese el elegido para anunciar la muerte de Hitler por la radio alemana el día siguiente de su muerte.

~ por Álvaro Ojeda en 30 diciembre 2008.

2 comentarios to “Séptima sinfonía. Bruckner”

  1. me gusta lo que suben la limpieza de sonido y de imagen…. además de los ensayos cortos pero sustanciosos, son muuy buenos, brindan información que no conocia… exelente trabajo

  2. Hoy,14 II 2015 la he oído por 1a vez en la Catedral de Valencia ,dirigida por TRAUB y me ha emocionado

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: