Otello. Verdi

Si malos son de por sí los celos, mucho peores cuando éstos son fruto de la mentira. Celos y mentiras. Esos son los protagonistas de un drama, de una de las obras maestras de la literatura universal nacida en el siglo XVII de la pluma de William Shakespeare. Celos y mentiras. Otello.

Basada en el drama de Shakespeare y con libreto de Arrigo Boito, el compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901) compuso la ópera Otello, estrenándose en el Teatro de la Scala de Milán, el 5 de febrero de 1887.  Hasta por veinte veces, Verdi tuvo que salir a saludar en aquel fabuloso estreno.

En la escena final, Otello acaba con la vida de Desdémona, estrangulándola por haber creído que élla le era infiel. Tras descubrir el engaño, la farsa, la trampa tendida por su enemigo, la inocencia de Desdémona, un Otello absolutamente fuera de sí, hundido en la tristeza y con el alma agonizando, pronuncia sus últimas palabras, sin dejar de contemplar el cuerpo yacente de su amada sobre la cama.

Adelantemos la reproducción del vídeo hasta el cuarto minuto con cuarenta y cuatro segundos. En ese momento, escucharemos una de las más bellas páginas jamás escritas sobre el papel pautado. Impresionante combinación de música, drama e interpretación. Placido Domingo en el papel de Otello, el drama de Shakespeare y la música de Verdi, todo fundido en una escena inolvidable que tuve la oportunidad de contemplar siendo niño y que desde entonces, jamás me ha abandonado. Celos, odio, mentiras, traición, sangre, lágrimas y muerte. Y al final, un beso, dos manos juntas. El amor.

 

E tu.. come sei pallida! 
e stanca, e muta, e bella, 
pia creatura nata sotto maligna stella. 
 
Fredda come la casta tua vita...
e in cielo assorta. 
 
Desdemona! Desdemona!... 
 
Ah... morta! morta! morta!...
 
Ho un'arma ancor! 
 
Pria d'ucciderti... sposa... ti baciai. 
Or morendo... nell'ombra.... 
in cui mi giacio... 
Un bacio... un bacio ancora... 
ah!... un altro bacio... 
 
Y tú... ¡que pálida estás! 
tan cansada, y callada y hermosa,
ser bueno, nacido bajo mala estrella. 
 
Fría como tu casta vida...
recogida en el cielo.
 
¡Desdémona, Desdémona!... 
 
¡Ah... muerta, muerta, muerta!...
 
¡Todavía me queda un arma!
Antes de matarte... esposa mía... te besé.
Ahora, antes de morir... en la sombra... 
donde yazgo...
Otro beso... otro beso...
¡ah!... un último beso....

 

 

Con qué cuidado, Otello acaricia el rostro muerto y sereno de Desdémona al pronunciar el “Fredda come la casta tua vita”, sintiendo el frío (”fría como tu casta vida”), en la punta de sus dedos, resbalando sobre los ángulos faciales de una Desdémona ya alejada de esta vida.

Con las notas interpretadas por los trombones como fondo, Otello muda su rostro, cambia su expresión, dejándose inundar por un absoluto odio hacia sí mismo, y en un gesto decidido, encuentra un arma con la cual, hará justicia, ajusticiándose a sí mismo.

La música asume el protagonismo mientras los últimos personajes abandonan la escena. Un Otello, herido de muerte entona el “Pria d’ucciderti… sposa… ti baciai“, introduciendo al “beso”, a ese “bacio”, en los últimos compases de la obra. Otello empleará sus últimas fuerzas para regresar junto a Desdémona, para expirar junto a ella. Y en esos metros que recorrerá, arrastrándose, sin desviar los ojos de su destino, del cuerpo de su amada, suplicará, pedirá, rogará, deseará, anhelará, solo querrá, “un bacio… un bacio ancora… Ah!… un altro bacio“.

Un beso, un último beso …

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~ por Álvaro Ojeda en 13 febrero 2009.

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