Concierto número 1 para piano. Edvard Grieg

 

Veintidos años tuvieron que pasar entre aquel 1846 en el que Robert Schumann estrenó su Concierto para piano con la asistencia del entonces estudiante y joven Edvard Grieg (1843-1907), y 1868, año en el que Grieg compuso su Concierto para piano y orquesta en la menor, al igual que el de Schumann, en la menor.

Transcurría el verano de 1869, mientras Grieg se encontraba de paso en Bergen, su hija Alejandra enfermó de meninigitis y posteriormente falleció, cuando tenía apenas trece meses. Una vez que Edvard y su esposa Nina se pudieron sobreponer a la triste pérdida, viajaron a Roma. Allí conocieron a Franz Liszt, quien expresó su aprecio por el Concierto para piano en la menor. En uno de sus primeros encuentros, Liszt estaba leyendo a primera vista el concierto cuando, como Grieg recordó más tarde, … 

edvard
De pronto se puso de pie, se estiró cuan largo era, atravesó el gran salón del monasterio a zancadas, con paso teatral y el brazo levantado, y literalmente vociferó el tema. Al llegar a ese Sol natural en particular, estiró el brazo con gesto imperioso y exclamó: “¡Sol, Sol, no Sol sostenido! ¡Espléndido! ¡Eso es lo verdadero!” y luego, muy pianissimo y entre paréntesis: “El otro día escuché algo de este tipo de Smetana.” Volvió al piano e interpretó el final completo otra vez. Finalmente dijo de un modo extraño y emocionado: “Siga adelante, le digo. Usted tiene lo que se necesita y no permita que le asusten“.

Esta opinión de Liszt fue un refrendo muy importante en su carrera. Así mismo, Liszt también escribió una carta en términos elogiosos a las autoridades musicales noruegas, lo que se tradujo en la concesión inmediata de una beca para Edvard Grieg. 

El propio Grieg dirigió el estreno de su Concierto para piano y orquesta en la menor en Copenhague, en el otoño de 1869. El pianista fue Edmund Neupert. Después de la entrevista con Liszt y siguiendo sus consejos, Grieg continuaría revisando la obra, que dejó en su versión definitiva poco antes de su muerte, acaecida en 1907. Ésta última versión difiere notablemente de la original, publicada en 1872. 

El Concierto de Grieg es comparado con frecuencia con el de Schumann, escrito en la misma tonalidad de la menor. En los dos primeros movimientos de ambos conciertos encontramos un pasaje de cuerdas introductorio para el solista, que desciende del registro alto al medio. En ambos, el tema principal es presentado luego por los vientos y repetido exactamente por el solista; naturalmente ambos tienen el segundo tema en el mayor relativo, aunque Grieg no sigue a Schumann en el hecho de dar forma a los temas primero y segundo a partir de la misma idea básica. Quizá Grieg fue tan naturalmente melódico como para contentarse con un solo tema principal para todo el movimiento. 

Ambas exposiciones concluyen con un animato, ambos desarrollos caen en dos secciones principales, en la primera de las cuales los solos de vientos de madera interpretan fragmentos del tema principal por encima de los arpegios del piano, en tanto el solista se destaca en la segunda; en ambos la cadencia está seguida por una coda más veloz que el resto del movimiento, en el de Schumann en una nueva forma del tema básico, y en el de Grieg en un tema enteramente nuevo (que gradualmente revela su derivación del pasaje de cuerdas de la apertura). No hay parecido entre las ideas propiamente dichas; simplemente Grieg, en la etapa más alta de su desarrollo como compositor de la forma sonata, todavía experimentaba la necesidad de seguir un modelo formal. 

Además de las melodías, la escritura exquisita para el piano contribuye a la belleza de esta música, particularmente en el movimiento lento. Grieg conocía bien su instrumento, había estudiado las obras para teclado de Chopin y de Schumann y solía componer sentado al piano. Así que pudo imbuir de sensible lirismo incluso a los pasajes más ornamentados y figurativos. Al escuchar las carrerillas y arpegios menos rimbombantes, tenemos la sensación de que cada nota importa y que no es sólo un gesto. Esto constituye un logro impresionante, raro entre los conciertos para piano románticos, que le ha asegurado a este concierto un sitio destacado y una gran popularidad. 

Quizás incluso más que en las melodías y en las figuraciones del piano, el atractivo del concierto reside en sus armonías. Grieg tenía un maravilloso sentido de los acordes y de las progresiones, generosamente condimentados con disonancias. El más famoso, aunque no el más sutil, es el uso del séptimo grado menor de la escala (Sol natural) de los compases triunfantes del final, en La mayor. Fue este pasaje, más que ninguna otra cosa, lo que convenció a Liszt con respecto a la importancia del concierto.

Anuncios

~ por Álvaro Ojeda en 6 marzo 2009.

2 comentarios to “Concierto número 1 para piano. Edvard Grieg”

  1. Doy mi más sincera enhorabuena a los creadores de este programa de “EN DO SOSTENIDO MENOR…por el acierto de esta divulgación de la música eterna como por su selección de obras.
    Es muy fácil de tener “a mano” una discografía tan necesitada para cualquier espíritu. !Gracias!

  2. Qué maravilla de página. Llegué aquí mediante Google, deseaba escuchar algo grato y encontré este espacio.
    Muchas felicidades al creador de esta página.
    Mi agradecimiento por este esfuerzo generoso y creativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: