Sinfonía número 6. Mahler

La sexta es la única entre todas las sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911) que termina de forma inequívocamente trágica. Aunque Mahler es un compositor con claras connotaciones trágicas, el hecho es que la mayor parte de sus sinfonías terminan de forma triunfante (1, 2, 3, 5, 7 y 8), mientras que otras terminan con un clima de alegría (4), tranquila resignación (9) o calma radiante (10).

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La conclusión trágica, incluso nihilista de la Sinfonía número 6, compuesta entre 1903 y 1904, está considerada como particularmente inesperada, ya que la obra fue compuesta en una etapa especialmente feliz de la vida de Mahler. Un año antes de comenzar la composición se había casado con Alma Schindler y durante el transcurso de la composición nació Anna, su segunda hija.

Sin embargo, los tres potentes golpes de martillo que se hacen oír en el Finale representan para el compositor y su esposa, una terrible señal premonitoria de los acontecimientos trágicos que pronto llegarían: la muerte de su hija María a la edad de cuatro años, su dimisión forzada de la Ópera de Viena y el diagnóstico de una enfermedad cardiaca incurable. Por superstición, el autor suprimiría los tres golpes de martillo, pero algunos directores de orquesta los rescatarán más adelante.

Según Alma, tan pronto como la sinfonía estuvo terminada, Mahler vino a buscarla para que jugaran juntos y afirma que esta obra es lo que sale de lo más profundo de su alma, la más personal de todas aquellas que brotaron directamente de su corazón.

La sinfonía, en la que Mahler renuncia a la voz humana, consta de cuatro movimientos:

  • Allegro enérgico, ma non troppo. Heftig, aber markig
  • Scherzo. Wuchtig
  • Andante moderato
  • Finale. Allegro moderato — Allegro enérgico

Con relación a las sinfonías anteriores, se puede pensar que se trata de una vuelta a la forma clásica en cuatro movimientos. Con todo, al escuchar la obra, uno se ve impresionado por las dimensiones del Finale que dura al menos media hora e incluso hasta cuarenta minutos. Además, Mahler vaciló en sucesivas ocasiones sobre el orden de los movimientos intermedios, colocando el Andante antes del Scherzo hasta por fin para decidir restablecer el orden inicial de los movimientos.

Al final, define el carácter negativo, pesimista de la división invirtiendo la secuencia tradicional de los dos métodos, acuerdo principal colocado antes del acuerdo menor. Estos dos acuerdos vuelven de nuevo de numerosa vez a lo largo de la sinfonía acompañados, casi siempre de otro leitmotiv rítmico.

La sinfonía comienza por un Allegro, enérgico ma no troppo, tenido en cuenta “Heftig, aber markig” (“Vehemente, pero lleno de saber”), a 4/4. Es una marcha oscura y amenazando, subrayado por un instrumento de percusión prestado a las músicas militar: la caja.

El segundo movimiento es un Andante moderato, a 4/4, en Mi bemol principal. Evocación de un ambiente campestre proporcionando un refugio mucho tiempo buscado pero temporal contra la agitación turbulenta de los movimientos anteriores. Es un rondó y el primer episodio hacen reaparecer los cencerros de vacas que mencionan la calma bienaventurada de la naturaleza en la cual el compositor dibuja una gran parte de su energía creativa.

El tercer movimiento es un Scherzo, “Wuchtig” (“Que pesa”), a 3/8. Mahler reanuda el combate con un espíritu de obstinada y desafiante determinación: tresillos furtivos interpretados por las maderas y las interjecciones ásperas ejecutadas por los cobres describen una escena llena de confusión y horror.

A manera de contraste, un trio inocente alterna dos veces con el scherzo. Según el recuerdo de Alma, se trata de una descripción de los “días desordenados de dos pequeños niños que escalonan en zigzag sobre la arena. Señal inquietante, las voces infantiles se vuelven cada vez más trágicas y se desmayan en un gemido”.

Con su inmenso Finale que dura una media hora por sí solo, se trata de una de las sinfonías más difíciles de Mahler. A 2/2, en el minero, se tiene en cuenta a “Sostenuto; Allegro moderato; Schwer;” (“Pesado”) “Marcato; Allegro enérgico”. Da la vuelta al combate encarnizado.

Comienza por una oscura introducción, una clase de caos de final del mundo. El Allegro es una marcha forzada de nuevo emprendida con una voluntad de hierro. Toda esperanza de un final victorioso es destruida por los terribles golpes de martillo y la obra se termina en la ruina y la desesperación.

En el libro de Alma, un paso se refiere a la Sexta Sinfonía: En el último movimiento, él mismo se describe y su propia caída, o entonces como lo dijo más tarde, el de su héroe: “El héroe que recibe tres jugadas del destino, incluido el tercero que lo hace caer como un árbol.” Eran las propias palabras de Mahler. Ninguna obra pasó tan bien de su corazón a la música como aquélla.

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~ por Álvaro Ojeda en 20 julio 2009.

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