Estudio número 12. Chopin

Maurizio Pollini, Krystian Zimerman, Evgeni Kissin, Daniel Barenboim, Arthur Rubinstein, Maria Joao Pires, Glenn Gould, Vladimir Horowitz, … grandísimos intérpretes de piano. Pero la lista estaría incompleta si faltase un ucraniano llamado Sviatoslav Richter.

Nacido en Ucrania el 20 de marzo de 1915, Sviatoslav Richter creció en Odessa, donde su padre enseñaba en el Conservatorio. Su debut como solista se produjo el 19 de febrero de 1934, con un programa que incluía sólo obras de Chopin: la Balada número 4, la Polonesa Fantasía, el Scherzo en Mi Mayor, así como una selección de nocturnos, estudios y preludios, todas obras de gran dificultad.

En 1937, Richter fue a Moscú a estudiar con el gran pianista y pedagogo Heinrich Neuhaus. Éste lo escuchó tocar y dijo: «Aquí está el alumno que estuve esperando durante toda mi vida. En mi opinión, es un genio». Años después, Neuhaus escribiría: “No he conocido a nadie que supiera aprovechar tanto sus cualidades.” El 26 de noviembre de 1940, mientras todavía era un estudiante del Conservatorio de Moscú, Richter hizo su debut en esa ciudad. Fue entonces que presentó por primera vez en público la Sonata Número 6 de Prokofiev, causando una gran impresión a la audiencia y al propio compositor. Cuando Prokofiev completó su séptima sonata en 1942, se la dio a Richter para el estreno. Richter la estudió en sólo cuatro días y la presentó en el siguiente mes de enero. Más tarde, hizo lo propio con las sonatas octava y novena, la última de las cuales le había sido dedicada por el autor.

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En 1945, Richter obtuvo el primer premio en el Encuentro de Ejecutantes de la Unión. El jurado estaba encabezado por Dmitri Shostakovich quien afirmó: “Richter es un fenómeno extraordinario. La grandeza de su talento arrebata y hace tambalear. Todo el arte musical le es accesible”. Más tarde, en 1949, Richter ganaría el Premio Stalin, obteniendo toda clase de distinciones y reconocimientos del gobierno soviético.

Persona de tremendo y muy particular carácter, ejerciendo como jurado en el Primer Certamen Tchaikovsky que se realizó en Moscú en 1958, Richter se sintió tan impresionado por la ejecución de Van Cliburn que le asignó más 100 puntos (cuando el máximo era de 10) y 0 puntos a los restantes concursantes. Cliburn ganó, pero Richter no volvería a ser invitado a integrar un jurado.

Poco amigo de los compromisos a largo plazo y las apretadas agendas habituales de los grandes concertistas, Richter prefería seguir sus impulsos y explorar nuevos repertorios, llegando a ser habitual su práctica de cancelar su presencia con pocas horas de anticipación.

A consecuencia de una herida menor que sufrió en un dedo en 1952 y temiendo que no podría volver a tocar el piano, estudió dirección de orquesta por algunas semanas y tuvo algunas intervenciones esporádicas. Afortunádamente, el dedo se recuperó con celeridad y, después de una presentación de la Sinfonía-Concierto de Prokofiev con Mstislav Rostropovich, volvió a lo suyo, al piano.

Amaba las óperas de Wagner, Tchaikovsky y Verdi. No le gustaba el teléfono porque le impedía ver a la persona con quien estaba hablando. Pintó esplendidas acuarelas y no le agradaban los aviones, prefiriendo como transporte el coche o el tren. Amante de los viajes, en 1986 viajó en coche desde Moscú a Vladivostok, dando conciertos en algunas pequeñas ciudades en el camino.

Richter disfrutó mucho llevando su arte a los pequeños pueblos de Siberia a una edad en la que muchos colegas dejan de hacer presentaciones. También dio siempre recitales en los que arriesgaba todo su prestigio permitiendo hacer grabaciones para su posterior distribución masiva. Richter siguió a su musa y vivió una vida precaria: según Francis van de Velde, «cuando necesitaba dinero, daba un concierto».

El último concierto de Richter fue en Lubeck (Alemania), a fines de marzo de 1995. Tenía ochenta años. En el programa había tres sonatas de Haydn y las Variaciones sobre temas de Beethoven de Max Reger. Moriría en Moscú el 1 de agosto de 1997, a los 82 años, víctima de un ataque al corazón.

Y ahora, vamos con la obra con la que presentamos al maestro Richter: el Estudio número 12 Opus 10 “Revolucionario” de Federico Chopin (1810-1849).

Un estudio es una composición musical corta, destinada a practicar la habilidad y la técnica en un instrumento solista, el piano en el caso de Chopin, quien a lo largo de su corta vida escribió veintisiete estudios, repartidos de la siguiente manera: doce en el Opus 10, doce en el Opus 25 y tres sin numerar para un libro de método.

El germen de los estudios pertenecientes al Opus 10  se comenzó a gestar en Varsovia, a partir de finales de 1829. Chopin escribió entonces a un amigo que había compuesto unos pocos ejercicios para piano que quería mostrarle. Cuando se publicaron, Chopin tenía 23 años y ya era famoso como compositor y pianista en los salones de París, donde conoció a Franz Liszt y a quien posteriormente le dedicaría todo el Op. 10: “à son ami Franz Liszt“.

Habiendo viajado a Italia, el compositor se enteró de la sangrienta represión a un levantamiento que se había producido en Varsovia contra la milicia rusa. Es posible que el iracundo y temperamental estudio número 12 del Opus 10 que interpreta Richter haya sido consecuencia de sus sentimientos en estas graves circunstancias.

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~ por Álvaro Ojeda en 21 julio 2009.

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