Sinfonía número 5. Tchaikovsky

Lastimo, luego existo.

Tremenda, rotunda frase extraída de un diario del compositor ruso. Porque sufro existo y porque existo, sufro. No es difícil encontrar este sentimiento entre los grandes compositores. Y así, en muchos de ellos, el sufrimiento es una tónica dominante. Una constante que asfixia la existencia pero que, lejos de conducir a la agonía, engendra la composición. Grandes almas que fueron capaces de transformar el más radical y absoluto sentimiento de sufrimiento en bellísimas obras capaces de conmover los espíritus y las almas de sus semejantes.

En 1988, Tchaikovsky comienza a escribir su Sinfonía número 5 en Mi Menor, Op. 64. Sobre ella, escribiría el compositor: “Introducción: sumisión total ante el destino o, lo que es igual, ante la predestinación inelectable de la providencia. Allegro I. Murmullos, dudas, reproches a XXX. II. ¿No valdría más entregarse por completo a la fe? El programa es excelente si consigo llegar a realizarlo.”

Sumisión total ante el destino. Genuflexión ante ese guión vital escrito por no se sabe quién y en el cual, nuestras vidas se desarrollan. Destino como camino y sendero ya trazado y definido, donde los árboles se disponen de forma caprichosa y las colinas se suceden sin un aparente motivo.

El programa es excelente si consigo llegar a realizarlo.

No obstante, más tarde, el propio Tchaikovsky, el siempre inseguro Tchaikovsky, en carta dirigida a Nadezhka von Meck, escribiría: “La sinfonía es demasiado colorida, demasiado pesada, insincera, deslucida, en general desagradable. Con la excepción de Taneyev quien insiste que la Quinta es mi mejor composición, todos mis amigos honestos y sinceros piensan pobremente de ella. ¿Podríamos decir entonces que estoy acabado? ¿Ha comenzado el principio de fin?

Para muchos, ese principio del fin comenzó no con la composición de la quinta sinfonía, sino con la escritura de la cuarta, con la que inaugura un ciclo de tres sinfonías (cuarta, quinta y sexta), fuertemente centradas en el concepto de destino. Extremadamente dramáticas en muchos de sus pasajes, hasta concluir de forma absoluta con la sexta, su sinfonía patética, que no patética sinfonía.

La obra fue estrenada en la Sociedad Filarmónica de San Petersburgo, el seis de noviembre de 1988, junto al Concierto número 2 para piano y orquesta, y bajo la dirección del propio compositor. Un seis de noviembre, ese número fatídico para Piotr, quien fallecería el seis de noviembre de 1893, cinco años después de estrenar su quinta sinfonía.

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~ por Álvaro Ojeda en 20 noviembre 2009.

2 comentarios to “Sinfonía número 5. Tchaikovsky”

  1. Soy fanático de la música clásica. A todo el que puedo le insinúo el valor cultural y sentimental que tiene esa música. Me gustaría tener la 7ª sinfonía de A. Dvorák. Estoy haciendo colección de interpretaciones de la 9ª (From the new world”, ya tengo y por sendos directores.

    Gracias por tu aporte.

    dedur

  2. […] Oviedo Filarmonía, Tung-Chieh Chuang (director). Obras de J. Fernández Guerra, Shostakovich y Tchaikovsky. Noche de debuts y estrenos con un verdadero examen para el director taiwanés Tung-Chieh Chuang […]

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