Un americano en París. Gershwin

El jazz es un elemento muy poderoso que está en la sangre y en el corazón de cualquier estadounidense más que cualquier otro estilo de la música popular. Creo que se le puede reconvertir en obras sinfónicas serias, de valor permanente”. Son palabras del compositor estadounidense George Gershwin (1898-1937). Y su obra Un americano en París es una clara demostración de que estaba en lo cierto, de que el jazz es posible “reconvertirlo en obras sinfónicas serias, de valor permanente”.

Estrenada el 13 de diciembre de 1928 en el Carnegie Hall de Nueva York y bajo la batuta de Walter Damrosh, Un americano en París pretendió, en palabras del propio compositor “ … retratar las impresiones de un estadounidense que visita París; mientras pasea por la ciudad, escucha varios ruidos callejeros y absorbe el ambiente francés…”. Y tan fielmente quiso Gershwin reproducir ese ambiente callejero que utilizó en algunos momentos bocinas de coche, trayéndose para el estreno, claxons de taxis de París.

Gershwin decidió vivir en París durante un tiempo con el fin de profundizar en sus estudios formales. Sin embargo, fue rechazado como alumno por hasta tres grandes: Maurice Ravel, Nadia Boulanger y el mismísimo Igor Stravinsky que le preguntó: “¿Cuánto dinero ganó usted el año pasado?”. Al responder el compositor estadounidense con la cifra de 200.000 dólares, Stravinsky le respondió: “Entonces yo debería tomar clases con usted”, respondió el maestro, rechazando su solicitud.

Tal y como el crítico Deems Taylor narró en las notas al programa del estreno, la obra comienza con un paseo por los Campos Elíseos; una riña con un taxista, el paseo abandonado del turista y el paso a la orilla izquierda del río Sena son las excusas para el lucimiento de las trompetas, el trombón y el clarinete, respectivamente.

Un amable violín nos evoca una escena de amor nocturna… cuando aparece el blues, sólo de trompetas con sordina, como recordando Estados Unidos, sensación reafirmada con la entrada de las trompetas lanzando el tema con aire del ragtime propio de los años veinte.

El argumento habla ahora del encuentro con otro estadounidense, y entre recuerdo y recuerdo musical de las vivencias anteriores, se oye un ritmo cercano al swing. La obra termina en el punto de partida, el paseo, despidiéndose con el tema de blues grandioso y más estadounidense que parisino.

Hoy es 25 de diciembre. Navidad. Un día precioso en el calendario, comienzo para muchos de un nuevo año. Comencemos el nuevo año, entremos en él de la mano de esta maravillosa obra, emotiva al máximo, alegre, radiante, jovial, fresca, vitalista y, al mismo tiempo, sinfónica.

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~ por Álvaro Ojeda en 25 diciembre 2009.

Una respuesta to “Un americano en París. Gershwin”

  1. […] apenas respiro comenzó la versión de la casi centenaria Un americano en París llena de auténtico jugo sinfónico sin perder un ápice el espíritu del gran George. La orquesta […]

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