Sexta Sinfonía. Bruckner

Hubo un compositor que con 43 años se enamoró de una joven llamada Josephine Lang. La joven no le correspondía y, años más tarde, el compositor se enamoró de la hija de ésta. Mas nunca llegó a casarse ni con la madre ni con la hija. El protagonista de esta historia fue un católico ferviente que comenzó su carrera siendo niño de coro.

Anton Bruckner (1824-1896) nos brinda en su Sexta Sinfonía, un maravilloso ejemplo del fascinante lenguaje melódico y armónico del compositor, considerando esta sinfonía como ‘la más atrevida’ de todas ellas.

El primer movimiento no empieza con los usuales trémolos, sino con una compleja figura en los violines con el sello de Bruckner: dos notas contra un tresillo, en una figura que constantemente se repetirá en toda la obra. El segundo tema, más pausado y elegíaco, se presenta en un contraste de cuatro contra seis notas, en un reticulado pausado y muy sereno.

El juego entre ambos temas conduce a una invocación del tema principal y al retorno de la segunda melodía ahora en un tempo más intenso pero siempre en contraste con la animada idea inicial. La coda del primer movimiento lleva a una variación del tema principal en un tempo aún más intenso y dramático hasta caer un furioso galope que lleva la conclusión.

~ por Álvaro Ojeda en 15 enero 2010.

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