Nabucco. Verdi

No corren buenos tiempos para Giuseppe Verdi (1813-1901). Su esposa y sus dos pequeños hijos han muerto. Verdi decide no volver a componer. Llega a sus manos un libreto escrito por Temistocle Solera. Un libreto basado en el Antiguo Testamento y en la obra Nabuchodonosor de Francis Cornue y Anicète Bourgeois. Un libreto que llega a sus manos casi de casualidad.

Verdi aceptará componer una ópera, Nabucco, en cuatro actos basada en el libreto. Una ópera maravillosa, fastuosa. Una ópera que con el tiempo cautivaría a toda Italia. Una ópera que se estrenará el 9 de marzo de 1842 en La Scala de Milán. En el estreno, el papel de Abigaille fue interpretado por Giuseppina Strepponi, quien se convertiría en compañera sentimental y luego esposa de Verdi.

El éxito de Nabucco se debe en parte a las propias cualidades musicales de la obra y en parte a la asociación que hacía el público entre la historia del pueblo israelí y las ambiciones nacionalistas de la época. Uno de los símbolos que utilizó el pueblo para reforzar el ideal independentista fue el coro Va, pensiero, del tercer acto. Este coro de esclavos hebreos es, sin dudas, el número más popular de la ópera. En su época, los italianos lo asimilaron como un canto contra la opresión extranjera en que vivían.

Va, pensiero, sull’ali dorate;

va, ti posa sui clivi, sui colli,

ove olezzano tepide e molli

l’aure dolci del suolo natal!

Del Giordano le rive saluta,

di Sionne le torri atterrate…

Oh mia patria sì bella e perduta!

Oh membranza sì cara e fatal!

Arpa d’or dei fatidici vati,

perché muta dal salice pendi?

Le memorie nel petto raccendi,

ci favella del tempo che fu!

O simile di Sòlima ai fati

traggi un suono di crudo lamento,

o t’ispiri il Signore un concento

che ne infonda al patire virtù.

che ne infonda al patire virtù

che ne infonda al patire virtù

al patire virtù!

¡Vuela pensamiento, con alas doradas,

pósate en las praderas y en las cimas

donde exhala su suave fragancia

el aire dulce de la tierra natal!

¡Saluda a las orillas del Jordán

y a las destruidas torres de Sión!

¡Oh, mi patria, tan bella y abandonada!

¡Oh recuerdo tan grato y fatal!

Arpa de oro de los fatídicos vates,

¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?

Revive en nuestros pechos el recuerdo,

¡háblanos del tiempo que fue!

Al igual del destino de Jerusalem

Canta un aire de crudo lamento

o que te inspire el Señor una melodía

que infunda virtud al padecimiento

que infunda virtud al padecimiento

que infunda virtud al padecimiento

virtud al padecimiento

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~ por Álvaro Ojeda en 31 enero 2010.

Una respuesta to “Nabucco. Verdi”

  1. MARAVILLOSO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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