Tosca. Puccini

Una preciosa estatua de un ángel corona el Castillo de Sant’Angelo. Allí está desde el año 590, año en el que una gran epidemia de peste invadió la ciudad de Roma. El papa de la época, Gregorio I, vio al Arcángel San Miguel, sobre la cima del castillo que envainaba su espada significando el fin de la epidemia. Para conmemorar la aparición, una estatua, primero una de mármol de Raffaello da Montelupo, y, desde 1753, una de bronce de Pierre van Verschaffelt sobre un dibujo de Bernini, fue situada en lo alto del edificio iniciado en el 135 por el emperador Adriano para ser su mausoleo personal y familiar.

Desde 1277, el Castillo de Sant’Angelo está conectado con la Ciudad del Vaticano por un corredor fortificado, llamado Passetto di Borgo, de unos 800 metros de longitud. El Papa Alejandro VI lo tuvo que cruzar cuando Carlos VIII de Francia invadió la ciudad, con treinta mil hombres en agosto de 1494, y la vida del pontífice estaba en peligro. Y actuando de la misma forma, también el Papa Clemente VII, enfrentado a Carlos I de España, al que traicionó, escapó hacia la seguridad del Castillo de Sant’Angelo a través de este pasaje cuando las tropas del monarca saquearon Roma el 5 de mayo de 1527 (Saco de Roma) y masacraron a la Guardia Suiza Pontificia.

Más de doscientos años después y recreando la invasión por parte de Napoleón del norte de Italia a finales del siglo XVIII, el Castillo de Sant’Angelo sería la prisión de otro célebre personaje, esta vez de ficción, llamado Mario Cavaradossi y uno de los protagonistas de la ópera Tosca, compuesta por Giacomo Puccini (1858-1924), con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, y estrenada el 14 de enero de 1900 en el teatro Costanzi de Roma.

Un melancólico y desolado sólo de clarinete introduce en la tonalidad de si menor una de las arias más bellas jamás escritas. Una de las páginas más maravillosas del lirismo italiano. Suena el clarinete mientras amanece y se escuchan las campanadas de las iglesias de Roma y el canto de un pastor. Un soldado trae a Cavaradossi, el carcelero mira los papeles buscando el nombre del reo y le anuncia que sólo le queda una hora de vida. A cambio de un anillo obtiene permiso para escribir unas líneas a su amada.

Es entonces cuando tiene lugar la interpretación del aria “E lucevan le stelle” …

E lucevan le stelle…

Ed olezzava la terra…

Stridea l’uscio dell’orto…

E un passo sfiorava la rena…

Entrava ella, fragrante,

Mi cadea fra le braccia…

Oh! dolci baci, o languide carezze,

Mentr’io fremente

Le belle forme disciogliea dai veli!

Svanì per sempre il sogno mio d’amore…

L’ora è fuggita…

E muoio disperato!

E muoio disperato!

E non ho amato mai tanto la vita!…

Tanto la vita!…

Y brillaban las estrellas,

Y olía la tierra,

Chirriaba la puerta del huerto,

Y unos pasos rozaban la arena…

Entraba ella, fragante,

Caía entre mis brazos…

¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,

Mientras yo, tembloroso,

Sus bellas formas desataba de los velos!

Desvaneció para siempre mi sueño de amor…

La hora ha pasado…

¡Y muero desesperado!

¡Y muero desesperado!

¡Y jamás he amado tanto la vida!

¡Tanto la vida!

En escena entra Tosca, amante de Cavaradossi, y se precipita hacia éste, pidiéndolo que actúe con naturalidad cuando simulen su fusilamiento, simulación obtenida por Tosca a cambio de los placeres carnales exigidos por Scarpia, jefe de la policia que mantenía preso a Cavaradossi.

El pelotón se alista, dispara contra el reo, y Mario cae. Al retirarse los soldados, Tosca se acerca a su amante y lo llama para que escapen, pero Mario yace muerto, ya que Scarpia nunca dio la orden de simular su fusilamiento.

Comienzan a escucharse voces que se acercan en búsqueda de Tosca ya que ha sido encontrado el cuerpo de Scarpia asesinado por Tosca antes de que éste pudiera culminar su deseo sexual sobre Tosca. Finalmente, Tosca es detenida y, desesperada, sube rápidamente a la muralla del castillo, desde donde se lanza al vacío.

La interpretación en el vídeo corresponde a un sensacional, como no podía ser de otra forma, Plácido Domingo en el papel del pintor anarquista Mario Cavaradossi. La escena nos permite contemplar la realidad del Castillo de Sant’Angelo y observar en la distancia, a esos 800 metros, la magnífica cúpula de la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano.

Anuncios

~ por Álvaro Ojeda en 7 marzo 2010.

4 comentarios to “Tosca. Puccini”

  1. Estoy maravillada de hallar esta página, me he sentido un ángel viajando hasta aquí. Así que dejo este enlace en mi blog para que se deleiten en escuchar tan excelente y bella música, como la que aquí se ofrece. ¡Gracias! Elisa

  2. Sólo puedo decir que me encanta.

    “Oh! dolci baci, o languide carezze,

    Mentr’io fremente

    Le belle forme disciogliea dai veli!

    Svanì per sempre il sogno mio d’amore…”

    Sencillamente increíble.

  3. Qué buena música

  4. Para Socorro por su cumple que la pase bonito….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: